Nuevo movimiento de cuerpo y mente

Brazos biónicos, prótesis avanzadas, uso de la mente para recuperar movimiento. El campo prostético presenta notables avances que en unos años estarán al servicio de personas con limitaciones.
La investigación se enfoca a miembros prostéticos que lean las órdenes del cerebro para llegar a una extremidad biónica que responda con alta precisión. Esa meta es real por dos razones: luego de una amputación, el cerebro continúa enviando señales al músculo amputado así este no esté para recibirlas. La otra: la amputación no remueve todos los nervios de la extremidad; entonces la idea es que los nervios funcionales en el corte de la amputación puedan ser dirigidos a un músculo funcional. Así las señales enviadas desde el cerebro hacia el músculo amputado provocará el movimiento del nuevo grupo de músculos.
Ya hay personas paralizadas que mueven dispositivos con la mente.





Investigadores de universidades de Suecia y EEUU han desarrollado prótesis de brazos y manos biónicas que podrían cambiar la vida de miles de personas que han sufrido amputaciones. Estos notables dispositivos se controlan de manera intuitiva, permiten libertad de movimientos y, lo más sorprendente, reponen el sentido del tacto. En Suecia, la novedosa mano biónica ha logrado que un paciente con el brazo amputado a la altura del codo, pueda volver a realizar todo tipo de actividades cotidianas. El brazo artificial está conectado directamente con el esqueleto, lo que otorga mayor estabilidad. Su cuerpo interactúa con la máquina mediante electrodos neuromusculares.



Los investigadores manifestaron que “ya no es ciencia ficción, es una realidad muy tangible para el paciente, y lo será para las personas que tratemos de aquí en adelante”. Por su parte, en Estados Unidos un grupo de científicos ha conseguido la recuperación de la sensación del tacto en dos pacientes amputados mediante la implantación de prototipos de manos biónicas, dotadas de electrodos que conectan la mano biónica con el brazo y el cerebro. La conmovedora prueba del éxito de esta prótesis se dio con el paciente Igor Spetic, a quién el algodón siempre le produjo escalofríos. Al tocar a ciegas una bola de algodón con la prótesis... se le puso la piel de gallina. “Supe inmediatamente que era algodón”, explicó Spetic. Para el autor principal del estudio, el objetivo no es solo restaurar la funcionalidad, sino construir una reconexión con el mundo. Ahora, estos pacientes, que sufrían un dolor fantasma de la zona amputada desde la pérdida del miembro, se han librado del dolor al recuperar el tacto.



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